LLANTOS DE GUERRA

RIOS DE SANGRE

Llantos sangrientos con un mismo denominador común, la muerte de civiles y niños, escenarios de dolor, masacres donde se impone la desproporción, la escasez de respeto hacia la vida y por ende, a los derechos humanos.

La disputa de soberanías y territorios en el siglo de la tecnología y globalización, alcanza su máximo ranking en desprecio hacia lo esencial, el valor de las vidas humanas.

Cambian las armas, los soportes y los tiempos y perdura la crueldad e injusticia que conllevan las guerras. Un manto de dolor gratuito y sangriento que cubre a cientos (hoy miles) de vidas sesgadas, sin duda, convertidos en reales protagonistas participes involuntarios de numerosas secuencias macabras.

La metralla de los misiles y granadas de mortero o de tanque arrasan las ciudades de Gaza dejando a su paso cementerios y despojos. Lejos quedan las visiones futuristas que se proyectaban para el siglo XXI, y en definitiva, estamos inmersos en una tremenda paradoja en la que conviven la era digital y la deshumanización como una mutación en el eje de coordenadas de la modernidad.

Cinco segundos para visualizar la muerte, antes de la aproximación del misil, escasos momentos que cada uno guardará en su recuerdo, padres, madres y niños, científicos de élite entregados a una sola causa y ajenos al conflicto reducidos a un negado y manipulado, pero descomunal error.

”La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas” Alejandro Dumas, modelo de hombre soñador y luchador. Un verdadero inspirador de reflexiones frente a los horrendos acontecimientos en los que la impotencia y la desolación inundan los corazones y para los que se exigen respuestas.

No obstante, la ceguera consentida aqueja a las grandes potencias sustentadas por la dependencia energética y la grave consecución de secuelas económicas. Por consecuencia, se observa la otra cara de la venerada interdependencia, y a su vez, el deleite del verdugo que espera tranquilo, al tiempo que anuda la soga en espera del ritual venidero.

Y como otra de sus recordables “El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir”,por esas almas que hoy deberían estar aquí.